Nos ha llegado a nuestro buzón de sugerencias esta preciosa aportación en forma de texto:

 

«¿Y cuál es mi color carne?». Esto es lo primero que me pregunté cuando vi este proyecto. La palabra «color carne» me ha acompañado toda la vida, desde pequeña, hasta ahora de adulta que, en cuanto veo una pieza de ropa de ese color, mentalmente pienso en «carne». Una palabra que estaba tan integrada en mi concepción del mundo (y de los colores) que ni tan solo me había parado a pensar en lo que realmente estamos diciendo.
Entonces, miro mis manos y pienso que ese tampoco es mi color carne. Ni el mío ni el de la mayoría de las personas que estamos en el mundo. Hay muchos colores carnes y designar solo a uno de ellos con ese apelativo es discriminatorio y, sinceramente, inhumano. Si no soy de carne, ¿entonces de qué soy?
Hace unos años me encontré en el autobús a dos niños que iban con sus madres. No tendrían más de 4 años. Estaban jugando en el asiento cuando, de repente, uno de ellos se acerca a la cara de su amigo (que tenía la piel más negra) y le lame la mejilla. «Pero… ¡si no sabes a chocolate!», dijo el niño súper sorprendido sin entender por qué su amigo no era de chocolate si tenía la piel de ese color.
Creo que insertando en las clases diferentes colores que sean «carne» conseguiremos que, desde pequeños, entendamos que la carne puede ser de muchas maneras y que, realmente, es mucho más bonito un mundo con muchos colores que uno en el que solo haya uno.
¿Color carne? No. ¡Colores carne! »

¡Muchas gracias ELia!

Elia Tabuenca, escritora

http://www.eliatabuenca.com/